Granja - Hogar -Escuela y Dispensario Médico Rural:
Para la Rehabilitación de Niños de Calle y en Estado de Adicción a Drogas y Niños del Campo en Situación de vulnerabilidad extrema.


LA FUERZA DE TRES JOVENES EN MADRE TIERRA

  Este invierno en Madre Tierra han llegado a hacer 2 grados bajo cero. 2 grados bajo cero sin zapatos, sin suficiente abrigo, sin condiciones dignas de vida para las comunidades que acuden al Dispensario Médico en Madre Tierra. Antes de presentarles el relato de las 3 jovenes voluntarias españolas (estudiantes avanzadas de enfermería), les mostramos las fotos de la helada en nuestro tan querido lugar.


SUFRIDORES INVISIBLES

Todo ser humano en la vida, tiene heridas de su pasado, heridas profundas o superficiales  que pueden llegar a cicatrizar o no.
En el caso de los niños supervivientes de Madre Tierra, nos damos cuenta de que las heridas son recientes, profundas y difíciles de sanar. A pesar de ello,  son capaces de trasmitirnos su  sufrimiento a través de sus desgarradores relatos.
Para nosotras, tres futuras enfermeras provenientes de un mundo sobreprotegido, se nos han hecho sumamente duro y difícil de asimilar dichas historias, sobre todo por ser oídas de las bocas de los propios supervivientes.
Se puede decir, que todos somos conscientes de estos terribles sucesos, pero es casi imposible de concienciarse hasta verlo, escucharlo y sentirlo con tus propios sentidos. En definitiva, percibirlo por uno mismo.

Centrándonos en las versiones de algunos de estos niños, nos impacto una de las frases pronunciadas:”Me drogaba con cemento porque así no me dolían los golpes…” Esto nos plantea ciertas preguntas: ¿Es lícito que sean los padres los que empujen a sus hijos a drogarse?  ¿No deberían ser ellos los que los protejan? ¿Y es que no son nuestro futuro? ¿Hasta donde somos capaces de llegar?

Otro de los niños conocido como “Macaco”, por lo buen ladrón que era, nos conto que tras consumir cigarrillos, marihuana, cocaína y cemento, llego a consumir crack; con el con el fin de ahuyentar el miedo y tener más valor para robar; logrando con todo ello afrontar,  la dura vida que lo azotaba.
¿Como es posible que tengan tanta facilidad para comprar dicho material? ¿Quien está detrás de todo ello? ¿Acaso no es gente que conocemos todos? ¿Qué demonios pasa por sus cabezas? ¿No es la gran droga, el dinero?
Está claro, que en nuestras cabezas rondan multitud de preguntas con respuestas difíciles de asumir.
A fin de concluir este breve relato, decir, que nuestra gran pena es irnos de aquí sabiendo que hemos ayudado, en la medida de lo posible a un grupo minoritario de niños y a la comunidad que acude al dispensario.

Pero lastimosamente, conocemos que hay miles de niños de extrema vulnerabilidad y pobreza; condenados a las drogas, al maltrato  físico y psíquico, a la pedofilia e infantofilia, a la prostitución, al hambre, al frio, al dolor, al tráfico de órganos….por los que no nos ha sido posible hacer nada.
Esperemos que en el futuro, todo esto cambie y poder levantar por lo menos alguna conciencia con la ayuda de este pequeño escrito.


Garazi  Romero Vallejo 20 años
Idoia Ruiz Gurrutxaga 19 años
Olatz Sagastume Uriarte 19 años